Vamos a hablar de estos premios curiosos. Resulta que se dan póstumamente (salvo casos aislados) a aquellas personas que se han matado haciendo una gilipollez grotesca (o véase, brutal), contribuyendo de esta forma a la mejora en la evolución de nuestra especie.
Veamos unos casos:
Durante la tarde del 27 de abril de 1997 en Siebnen-Wangen, Cantón Schwyz, Suiza, un joven quiso demostrarle a un amigo que los cables eléctricos situados sobre las vías del tren los desconectaban por las noches. Así que su brillante idea consistió en colgarse de ellos... no hace falta decir cómo termina la historia.
El 7 de marzo de 2005, Hanoi, Vietnam, Nguyen andaba de copas con unos amigos en el distrtito de Tu Liem de Hanoi, cuando sacó un viejo detonador que había encontrado. El detonador era aproximadamente de 6 centímetros de largo y 8 de diámetro, con dos cables saliendo del final. Como era viejo y destartalado, él decía que no podía explotar. Sus amigos no estaban deacuerdo.
Así que, para probar su postura, Nguyem se metió el detonador en la boca y le dijo a uno de los amigos que conectara los cables a una fuente de 220 voltios. Nguyen se equivocó.
La vícitma tuvo poco tiempo para refleccionar cómo de equivocado estaba, o que los 220 voltios por sí solos ya podían ser fatales. Aún así, el dispositivo explotó, destrozándole dientes y mejillas.
Ahora nos vamos a Pendang, Thailandia. No es ningún secreto que gastarle bromas pesadas a un animal lo puede llegar a encabronar. Y encabronar a un animal que mide mas de 2 metros y medio que es capaz de transportar un árbol entre sus colmillos puede resultar una idea no muy buena. Esa fue la idea que se le pasó por la cabeza a Prawat un 28 de enero de 2005, cuando vió 5 elefantes transportando árboles fuera de un templo Budista.
Mientras el responsable de ellos estaba ausente, Prawat, un hombre de 50 años, le ofreció caña de azúcar a uno de los elefantes hambrientos. Cuando el animal venía feliz a comérselo, él se lo quitaba. Después se lo volvió a ofrecer, para volvérselo a quitar una vez más. Y así lo repitió, y lo repitió y lo repitió.
Sin duda, el juego le resultó muy gracioso a Prawat, pero el elefante estaba ya hasta los huevos. La última vez que Prawat repitió la jugada, el elefante le embistió con los colmillos en el estómago... murió de camino al hospital de Alor Star.
Quien quiera conocer más candidatos a los premios Darwin, puede visitar la página principal y votar al que más le guste (lo malo es que la página está en inglés, qué se le va a hacer):
Premios Darwin
Adri — 30-11-2005 14:01:21
Red — 30-11-2005 15:02:42
finarfin — 30-11-2005 15:06:46
Red — 30-11-2005 15:20:37
Adri — 30-11-2005 23:17:34
Red — 01-12-2005 11:14:41
Turambar — 01-12-2005 12:17:33
javivi — 02-12-2005 20:04:11
Red — 05-12-2005 11:02:08